
Parece ser que me porté bien durante el año, o más o menos, porque en estas Navidades me regalaron este “librazo” del fotógrafo Gervasio Sánchez, al cual le tengo mucho aprecio aún sin conocerlo personalmente. Por su forma de trabajar, por los proyectos que realiza y por su manera de pensar, siento mucha afinidad y creo que podríamos tomarnos unas cañitas a gusto y hablar de todo, incluso de fotografía.
Pero hagamos un poquito de historia, aunque sea con minúscula. Cuando todavía no me había “enganchado” a la fotografía, me encontré con un libro de Gervasio mientras ordenaba la Biblioteca Popular Canaria “Javier Montes de Oca” en uno de mis turnos de voluntario. Ese libro, como la mayoría de ellos, fueron donados por vecinos y vecinas de La Orotava cuando surgió esta biblioteca social. Ojeé el libro y tras un vistazo inicial lo devolví a su estantería. No sé por qué razón me acordé del nombre del autor y, evidentemente, de la temática antibelicista que expresaban esas fotos de niños y niñas afectadas por las guerras en muchos lugares del mundo.
Pasó el tiempo y resulta que este fotógrafo, que para un novato como yo era todavía desconocido, ganó el premio Ortega y Gasset de periodismo en la categoría gráfica. Era el año 2008 y, gracias a internet, conocí el discurso políticamente incorrecto, como diría alguien, que Gervasio Sánchez realizó en la entrega del premio. Unas palabras que denunciaban el incremento en la venta de armas por parte del estado español a países con conflictos internos, poniendo en entredicho el discurso supuestamente pacifista que el gobierno expresa de cara a la galería. Un texto que luego circuló en forma de “powerpoint” por miles de correos electrónicos y que yo también recibí en mi bandeja de entrada.
Aquí me conquistó este fotoperiodista, pero más que por sus fotos fue por su actitud política, por demostrarme que la ética y la coherencia siguen siendo valores en alza en una profesión cada vez más devaluada por los propios medios de comunicación de masas.
Hoy, entrando por las puertas del año 2011, tengo en la estantería de mi cuarto el libro “Vidas Minadas. 10 años” (Edit. Blume, 2007). Un proyecto en el que el autor viene trabajando desde su primera publicación en el año 1997 y en donde demuestra un respeto absoluto por las personas que retrata, a las que en muchos casos siente como de su propia familia. Aquí se cumple la máxima de su admirado Ryszard Kapuściński cuando dice “que el reportero tiene que vivirlo todo en su propia carne” y que “es erróneo escribir sobre alguien con quien no se ha compartido al menos un poco de su vida”.
En esta obra, continúa retratando las vidas de personas afectadas por la minas en países tan diversos como son Camboya, Angola, Bosnia-Herzegovina, El Salvador, Afganistán, Mozambique, Nicaragua, Kurdistán Iraquí o Colombia.
“No convertir la cámara en un simple ladrón de sufrimientos ajenos”, que razón tienes maestro. Coincido con Gervasio en que la fotografía puede y debe movilizar las conciencias, sirviendo de herramienta facilitadora para analizar e interpretar la historia, para generar cambios y no repetir desgraciados acontecimientos.
Gracias Gervasio, por tu actitud y tus fotografías.
PD1: Bueno, como yo no soy ni crítico literario ni fotográfico, te dejo que te acerques a la obra de este fotoperiodista con mayúsculas y extraigas tus propias conclusiones, para ello te facilito la dirección de su blog y la última entrevista de vídeo que he visto de él. [BLOG] :: [ENTREVISTA DE VÍDEO]
PD2: ¡Muchas gracias a Luz por regalarme el libro!